Imaginen un aparato capaz de autodiagnosticar las necesidades de conocimiento (con una máquina así, cualquiera podría autoexaminarse para comprobar sus saberes y detectar sus deficiencias), o bien, sueñen con un mundo donde la autoeducación se hará permanente y cada aprenderá solo. Éstas son dos de las predicciones o previsiones que aparecen en el Diccionario del Siglo XXI de Jacques Attali, cuya edición en francés data de 1988, hace veinte años. En ese libro aparecen neologismos tales como: clonimago profesor –de clon e imagen- algo así como tu doble virtual que podrá aparecerse en cualquier parte, ordetevé –de ordenador, teléfono y televisión-, eduversión o ediversión –de educación y diversión-, adolpantalla o adolespantalla –de adolescente y pantalla, maestros matriceros –desarrolladores de paquetería informática para eduversión y aprendizaje-, profesor virtual, maestros controladores –que dirigen alumnos y les acreditan con diplomas-, y los tutores –que ayudan a utilizar los soportes lógicos, consuelan y atienden- (Attali, 1999).
Las itálicas vienen así en el diccionario, las negritas las utilicé porque serán referentes útiles para mi participación en este foro que invita a opinar acerca de los nexos de trabajo y apoyo, el nuevo rol del profesor en los nuevos entornos tecnológicos y el estudio independiente.
El prefijo auto delante de los procesos diagnosticar, examinar, educar, evaluar y aprender, constituyen una evidencia de la aspiración humana de autonomía e independencia cuasi total, posiblemente, una respuesta natural para aprovechar los avances científicos, así como las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con fines educativos.
Esto ha propiciado que se profundice en el cambio de paradigmas pedagógicos: no se trata ya de mejorar la enseñanza, sino levar la calidad del aprendizaje, de aprender a aprender; ya no es el docente el centro del universo escolar y el responsable de que sus pupilos aprendan, sino que ahora es el alumno el eje del proceso y el responsable de su propio aprendizaje.
Aún cuando la intención en el uso de las TIC es conseguir formación de recursos humanos a través del autoaprendizaje o estudio independiente, paradójicamente no se habla de la desaparición del actor docente, del profesor, sino que en algunos casos sólo se disminuyen sus roles –orienta, coevalúa y acredita-, en otros se reorientan sus funciones –ya no enseña enciclopédicamente sino que facilita procesos de aprendizaje o bien, desarrolla plataformas de aprendizaje- y en unos más se sustituye su figura presencial por una virtual, ubicua, que ayuda a aprovechar las TIC en el proceso de aprendizaje.
El otro actor del proceso educativo que no desaparece es el alumno, el participante, el aprendiz o discente, para quien el aprendizaje sigue siendo una experiencia íntima, muy suya, personal, irrenunciable, intransferible, permanente; para quien la necesidad de tejer redes de apoyo y trabajo colaborativo a través de comunidades in situ y virtuales continúa vigente, para quien la autogestión del aprendizaje cobra relevancia, para quien el ensayo y el portafolio son herramientas indispensables de aprendizaje en aras de alcanzar el metaconocimiento.
Las itálicas vienen así en el diccionario, las negritas las utilicé porque serán referentes útiles para mi participación en este foro que invita a opinar acerca de los nexos de trabajo y apoyo, el nuevo rol del profesor en los nuevos entornos tecnológicos y el estudio independiente.
El prefijo auto delante de los procesos diagnosticar, examinar, educar, evaluar y aprender, constituyen una evidencia de la aspiración humana de autonomía e independencia cuasi total, posiblemente, una respuesta natural para aprovechar los avances científicos, así como las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con fines educativos.
Esto ha propiciado que se profundice en el cambio de paradigmas pedagógicos: no se trata ya de mejorar la enseñanza, sino levar la calidad del aprendizaje, de aprender a aprender; ya no es el docente el centro del universo escolar y el responsable de que sus pupilos aprendan, sino que ahora es el alumno el eje del proceso y el responsable de su propio aprendizaje.
Aún cuando la intención en el uso de las TIC es conseguir formación de recursos humanos a través del autoaprendizaje o estudio independiente, paradójicamente no se habla de la desaparición del actor docente, del profesor, sino que en algunos casos sólo se disminuyen sus roles –orienta, coevalúa y acredita-, en otros se reorientan sus funciones –ya no enseña enciclopédicamente sino que facilita procesos de aprendizaje o bien, desarrolla plataformas de aprendizaje- y en unos más se sustituye su figura presencial por una virtual, ubicua, que ayuda a aprovechar las TIC en el proceso de aprendizaje.
El otro actor del proceso educativo que no desaparece es el alumno, el participante, el aprendiz o discente, para quien el aprendizaje sigue siendo una experiencia íntima, muy suya, personal, irrenunciable, intransferible, permanente; para quien la necesidad de tejer redes de apoyo y trabajo colaborativo a través de comunidades in situ y virtuales continúa vigente, para quien la autogestión del aprendizaje cobra relevancia, para quien el ensayo y el portafolio son herramientas indispensables de aprendizaje en aras de alcanzar el metaconocimiento.

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