jueves, 14 de febrero de 2008

Nexos de trabajo y apoyo, el nuevo rol del profesor en los nuevos entornos tecnológicos y el estudio independiente

Imaginen un aparato capaz de autodiagnosticar las necesidades de conocimiento (con una máquina así, cualquiera podría autoexaminarse para comprobar sus saberes y detectar sus deficiencias), o bien, sueñen con un mundo donde la autoeducación se hará permanente y cada aprenderá solo. Éstas son dos de las predicciones o previsiones que aparecen en el Diccionario del Siglo XXI de Jacques Attali, cuya edición en francés data de 1988, hace veinte años. En ese libro aparecen neologismos tales como: clonimago profesor –de clon e imagen- algo así como tu doble virtual que podrá aparecerse en cualquier parte, ordetevé –de ordenador, teléfono y televisión-, eduversión o ediversión –de educación y diversión-, adolpantalla o adolespantalla –de adolescente y pantalla, maestros matriceros –desarrolladores de paquetería informática para eduversión y aprendizaje-, profesor virtual, maestros controladores –que dirigen alumnos y les acreditan con diplomas-, y los tutores –que ayudan a utilizar los soportes lógicos, consuelan y atienden- (Attali, 1999).
Las itálicas vienen así en el diccionario, las negritas las utilicé porque serán referentes útiles para mi participación en este foro que invita a opinar acerca de los nexos de trabajo y apoyo, el nuevo rol del profesor en los nuevos entornos tecnológicos y el estudio independiente.
El prefijo auto delante de los procesos diagnosticar, examinar, educar, evaluar y aprender, constituyen una evidencia de la aspiración humana de autonomía e independencia cuasi total, posiblemente, una respuesta natural para aprovechar los avances científicos, así como las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con fines educativos.
Esto ha propiciado que se profundice en el cambio de paradigmas pedagógicos: no se trata ya de mejorar la enseñanza, sino levar la calidad del aprendizaje, de aprender a aprender; ya no es el docente el centro del universo escolar y el responsable de que sus pupilos aprendan, sino que ahora es el alumno el eje del proceso y el responsable de su propio aprendizaje.
Aún cuando la intención en el uso de las TIC es conseguir formación de recursos humanos a través del autoaprendizaje o estudio independiente, paradójicamente no se habla de la desaparición del actor docente, del profesor, sino que en algunos casos sólo se disminuyen sus roles –orienta, coevalúa y acredita-, en otros se reorientan sus funciones –ya no enseña enciclopédicamente sino que facilita procesos de aprendizaje o bien, desarrolla plataformas de aprendizaje- y en unos más se sustituye su figura presencial por una virtual, ubicua, que ayuda a aprovechar las TIC en el proceso de aprendizaje.
El otro actor del proceso educativo que no desaparece es el alumno, el participante, el aprendiz o discente, para quien el aprendizaje sigue siendo una experiencia íntima, muy suya, personal, irrenunciable, intransferible, permanente; para quien la necesidad de tejer redes de apoyo y trabajo colaborativo a través de comunidades in situ y virtuales continúa vigente, para quien la autogestión del aprendizaje cobra relevancia, para quien el ensayo y el portafolio son herramientas indispensables de aprendizaje en aras de alcanzar el metaconocimiento.

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